MINEM AUTORIZA EL INICIO DE EXPLOTACIÓN DE TÍA MARÍA
El Ministerio de Energía y Minas (Minem) autorizó el inicio de las actividades de explotación de la primera etapa del proyecto minero Tía María, correspondiente al Tajo La Tapada, operado por Southern Peru Copper Corporation en Cocachacra (Islay, Arequipa). La decisión fue oficializada mediante la Resolución Directoral 0194-2026-MINEM/DGM, del 17 de abril, tras verificarse el cumplimiento de los requisitos establecidos en el Reglamento de Procedimientos Mineros. En el documento, indican que la empresa presentó la documentación técnica correspondiente. En cuanto al requisito de consulta previa, el Minem determinó que no corresponde al no registrarse presencia de pueblos indígenas u originarios en el área de influencia directa del proyecto. La resolución deberá ser remitida a Osinergmin, OEFA, Sunafil, Senace y Sucamec. ( El Comercio, Pág. 20 ) ( La Razón, Pág. 7 ) ( Expreso, Pág. 35 ) ( Correo ,Pág. 17 )
EL OPERADOR
LOGÍSTICO QUE "CENTRABA" CARGAMENTOS DE ORO
Golpes millonarios con
fusiles de guerra y un informante infiltrado en el corazón del transporte de
carga. Así operaban Los Injertos del Callao, una organización criminal que,
según la Dirincri, era dirigida por Giancarlo Infante Ávalos, ‘Cholo Jean’, un
cabecilla sanguinario que no dudaba en ordenar "limpiezas internas"
para silenciar a sus propios hombres. En medio de esta trama aparece la figura
de un hombre, cuya labor como operador logístico resultaba vital para la
organización criminal vinculada al robo de lingotes de oro en la Costa Verde.
La pieza clave para que los asaltos de Los Injertos del Callao fueran exitosos
tiene nombres y apellidos: José Alberto Barba Huamán. Según la policía, lejos
de ser un delincuente común, Barba aprovechaba su trabajo en el sector
transporte para "marcar" a sus víctimas. Su objetivo eran
transportistas de minería ilegal que trasladaban oro rumbo al Callao. ( El Comercio, Pág. 16 )
LAS PLANTAS
DEL REINFO
Por Raúl Benavides Ganoza,
director de Compañía de Minas Buenaventura. Hace unos días fui invitado por un
grupo de profesionales vinculados a la minería para conversar sobre la ley
MAPE. Me explicaron que trabajaban para una empresa que opera una planta de
tratamiento de minerales de terceros en el sur. Insistí en que cualquier
discusión sobre el Reinfo y la ley MAPE debe partir de un principio básico:
garantizar condiciones laborales adecuadas y prácticas que no atenten contra el
medio ambiente. Posteriormente, sostuve una conversación virtual con el
promotor de la planta. Me aseguró que enviaban geólogos a todas las operaciones
que los abastecen de mineral, lo que, en teoría, apuntaría a un cierto nivel de
control. Sin embargo, cuando le pregunté si los trabajadores mineros estaban en
planilla y contaban con condiciones formales, la respuesta fue evasiva.
Distintas fuentes del sector me señalaron que esta operación era una de las más
grandes y con mejores estándares dentro de su categoría. Con esa referencia, y
aprovechando un viaje al sur, decidí visitarla personalmente. La planta tiene
una capacidad de 150 toneladas métricas diarias y se ubica en una extensa área
desértica, colindante con un pequeño poblado. A primera vista, la magnitud de
su infraestructura llama la atención: más molinos de los necesarios y depósitos
de relaves que superan lo que uno esperaría para una operación de esa escala.
Uno de los temas más preocupantes es la gestión de los relaves. Ante la
consulta sobre el cierre de estos depósitos, la respuesta fue que se evaluaba
utilizarlos para fabricar ladrillos, aunque sin un proyecto concreto en marcha.
Esta falta de planificación resulta particularmente grave si se considera el
impacto ambiental que estos relaves pueden generar. (
El Comercio, Pág. 46 )