sábado, 18 de julio de 2026

MONITOREO DE MEDIOS 18 DE JULIO (LIMA)

PERÚ BUSCA CAPITAL CON VENTAJA EN COBRE, ENFRENTA TRABAS

Moody's Ratings señala que el cobre dejó de ser un commodity sujeto únicamente al ciclo de precios para convertirse en un insumo estratégico para la transición energética, la expansión de la inteligencia artificial, los centros de datos y las industrias de defensa. Ese cambio fortalece el papel de productores como el Perú dentro de las cadenas globales de suministro. Según Moody's, las minas de cobre de bajo costo en Perú representan una ventaja estructural frente a otros competidores y justifican ampliar la capacidad de refinación para capturar una mayor parte del valor de la cadena. Sin embargo, advierte que los conflictos sociales, los retrasos en la entrega de permisos y la incertidumbre política han frenado inversiones en el pasado y siguen siendo factores que pesan sobre nuevos proyectos. ( Expreso, Pág. 34 )

 

TRES REGIONES TIENEN MÁS DEL 50% DE SU TERRITORIO CONCESIONADO PARA LA MINERÍA

El nuevo ciclo de altos precios del cobre y el oro vuelve a poner al Perú en el radar de las inversiones extractivas. Sin embargo, para el Observatorio de Conflictos Mineros, este escenario también podría traducirse en una mayor presión sobre comunidades y recursos como el agua, en momentos en que el próximo gobierno plantea acelerar la ejecución de proyectos. Las cifras entre mayo de 2025 y mayo de 2026 revelan que las concesiones mineras crecieron en 2,68 millones, hasta alcanzar 22,67 millones de hectáreas, equivalentes al 17,6% del territorio nacional. La expansión fue especialmente intensa en Apurímac, donde el 76,5% de la superficie regional ya está concesionada, seguida de La Libertad (63,1%) y Áncash (55,1%). Lima y Moquegua también bordean la mitad de su territorio bajo este régimen, con 48,8% y 48%, respectivamente. ( La República, Pág. 10 )

 

EL LABERINTO NORMATIVO QUE FRENA AL PERÚ

Por Raúl Benavides Ganoza, director de la Compañía de Minas Buenaventura. Uno de los grandes problemas del Perú no es la falta de leyes, sino el exceso de ellas. Cada vez que ocurre una crisis, un accidente o un escándalo, la respuesta casi automática de nuestras autoridades es proponer una nueva norma, crear un requisito adicional o imponer un trámite más. Rara vez se evalúa si las reglas existentes funcionan o si realmente se cumplirán. El resultado es un sistema cada vez más complejo que, lejos de solucionar los problemas, hace más difícil la formalidad. Paradójicamente, mientras condenamos la corrupción, seguimos alimentando las condiciones que la favorecen. Un entramado de leyes y procedimientos excesivamente complicados genera incentivos para que ciudadanos y funcionarios recurran a la llamada aceitada. Cuando un trámite demora semanas o meses y existe urgencia por resolverlo, la tentación de ofrecer o solicitar un soborno aumenta inevitablemente. Con frecuencia se anuncia la necesidad de simplificar los trámites administrativos y agilizar los permisos. Sin embargo, esas promesas suelen quedarse en el discurso. En la práctica, la reacción habitual consiste en endurecer las sanciones: multas más elevadas, mayores exigencias regulatorias y penas de prisión más largas, aun cuando el propio Estado carece de infraestructura suficiente para hacerlas cumplir. ( El Comercio, Pág. 23 )

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